lunes, 11 de agosto de 2014

Viernes 8 de agosto: Luz azul es un palíndromo

Aquí no anochece. Ni siquiera comienza a oscurecer. Nunca había sentido, como la siento ahora, la ausencia de la noche. Nunca había sentido que tardara tanto y, sobre todo, que la echara tanto de menos. Hace un par de horas hice lo que haría en Bogotá estando solo a esta hora: comí, me serví un vaso de cerveza, puse algo de música y encendí un cigarrillo. Ahora no tengo sofá en la habitación que próximamente será el estudio. Tampoco tengo biblioteca, así que eché una cobija sobre el suelo y me dediqué a ver los libros y los cuadros recién ordenados sobre los azulejos y apoyados contra la pared. Pensé en lo que dicen los escritores viajeros (yo no soy ni escritor ni viajero): los libros son la patria. En ese momento sentí que todo estaba bien. Que todo era como tenía que ser. Pero seguía sin anochecer. Había mucha luz. Cinco niños jugaban en los charcos frente a mi casa. Hacían una cuenta regresiva, cinco, cuatro, tres, dos, uno y se lanzaban sobre al agua empapando sus zapatos y sus pantalones. Luego se reían. Había mucha luz.

A unas cuadras de mi casa hay una iglesia. La corona una cruz que se ve desde lejos. En la noche la cruz se enciende, no de fugo –no exageremos con la poesía– sino de luz azul. Después de cierta hora de la noche, es la cruz de luz azul lo único que ilumina la ciudad. Detrás de la cruz, al fondo, se ven dos montañas oscuras. No sé si pueden imaginar la escena. Es extraña. Todo oscuro, una cruz azul más alta que cualquier edificio y al fondo dos montañas.

En las noches la Policía Federal pasa en una camioneta bien armada. En el techo de la camioneta se ve un Oficial que agarra una metralleta fija en el techo y cubierta con un escudo blindado. Todos los policías van con uniformes negros, cascos  gafas oscuras. Algunos llevan pasamontañas negros. Desde hace un par de meses, decidieron “tomarse” Zamora, luego de la balacera en un restaurante cerca al centro de la ciudad.

Son las ocho de la tarde y los niños siguen saltando sobre los charcos. Sigue sin anochecer.

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