viernes, 22 de agosto de 2014

Martes 18 a viernes 22 de agosto: Miscelánea

Dos noticias literarias. Primera: he vuelto a trabajar en la novela, razón por la cual este diario ha estado tan descuidado que al parecer terminará por convertirse en un semanario. Segunda: mi primera novela, Confesiones, ha cosechado su segundo mini triunfo: es finalista del concurso de novela ciudad de Bogotá. Ya con eso estoy satisfecho.

El siguiente es un listado de los eventos dignos de mención acontecidos en estos últimos días:

Primero

Escenario:

Teatro Obrero de Zamora.

Actores:

Cuarteto de cuerdas de los EUA

Mozart

Schumann

Piazzola

Público

Yo

Observaciones:

El público aplaudía al final de cada movimiento. El cuarteto decidió unir los movimientos, casi reduciendo los intermedios, para evitar los aplausos.

Primero tocaban a Mozart y luego a Piazzola. El tránsito era tan radical como estar cenando con caviar y de repente sentir que el estómago se aflojaba de tal manera que hay que salir corriendo hacia el baño haciendo ruidos de dolor y angustia.

Luego tocaban a Schumann y luego otra vez Piazzola. El tránsito era tan radical como estar cenando caviar, ya un poco podrido, y de repente sentir que el estómago se aflojaba de tal manera que hay que salir corriendo hacia el baño haciendo retumbar el piso de madera con los zapatos.

El chelista era un mexicano invitado: el mismo enano que se había casado la semana  pasada en La Inconclusa. Sé que suena poco creíble pero es cierto.


Segundo 

Escenario:

Mi casa

Personajes:

Adriana: estudiante salvadoreña del Colmich.

Hugo: joven mexicano criado en EUA, recientemente de regreso en Zamora, con una cosecha total, según nos contó, de veinticinco novias, dos de ellas colombianas. Viaja a Bogotá el próximo 9 de septiembre.

Yo.

Observaciones:

Mi primera borrachera en México: estaba “perfectamente borracho”, como diría el Cónsul en Bajo el volcán.

Escuchamos narco corridos toda la noche, gracias al amplio conocimiento desplegado por Hugo. Hugo intentó enseñarnos a bailar. Ninguno de los dos lo logró. Mentira: yo sí lo hice. Mañana compraré unas botas vaqueras, me dejaré la camisa abierta y compraré un collar de oro.

Adriana se deprimió luego de contarle que Unicornio azul de Silvio Rodríguez estaba compuesta a unos jeans que el cantante había perdido, y no al poeta salvadoreño.

Tangamandapio, el pueblo en donde nació Jaimito el cartero, está a media hora de aquí.

El Colmich, según me contó Adriana, tiene una orientación marcadamente marxista.

Terminamos la noche escuchando a los Master Plus. Helos aquí:



Tercero

Escenario:

Guadalajara

Personajes:

Librerías

Libreros

Yo

Observaciones:

Las librerías de usados son realmente decepcionantes.

Tenía una lista corta: Ferdydurke de Gombrowicz, Tonio Kroger de Thomas Mann, lo que fuera de Flann O’Brien y Museo de la novela de la eterna, de Macedonio Fernández. Resultado: Papeles del recienvenido y Continuación de la nada, de Macedonio y La montaña mágica, de Mann.

Regaño de un librero por querer pagar poco por libros tan difíciles de conseguir.

Sugerencia del mismo librero para que visitara una librería “especializada”: El crisol. Cuando llegué a El crisol de di cuenta que sí era especializada, pero en psicología.

Cuarto y último

Escenario:

Carretera Guadalajara – Zamora

Personajes:

Las montañas

Observaciones:

Las montañas mexicanas siempre se ven lejos, no tanto como para preguntarse si será posible llegar a ellas, pero no tan cerca como para que las carreteras, como en Colombia, pasen en medio o las bordeen.

Las montañas mexicanas que he visto no parecen nunca terminar. No tienen faldas tan inclinadas como las colombianas.

Las montañas mexicanas, en consecuencia, siempre se ven como siluetas de montañas, no como montañas. Se ven grises, nunca verdes.

Cuando sea grande quiero ser una silueta-de-montaña-mexicana-observada-por-alguien-asomado-en-la-ventana-de-un-bus-escuchando-one-two-many-mornings.



Pdta: hay que oír a Los saicos:


 

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