A lo que no le encuentro gracia es a escribir en las noches de fines de semana. No le encuentro gracia, o no por mucho tiempo, porque mis vecinos están estrenando karaoke, y escribir escuchando sus voces desafinadas y sus celebraciones o, cuando sólo ponen música, las voces de Rocío Durcal, Chente o Los tigres del Norte, es casi imposible. Podría ponerme mis topitos (¿o copitos?) para los oídos pero perdí uno antes de llegar a México. Podría escuchar música pero eso me desconcentra.
El asunto es que las jornadas de escritura en medio del sudor, el karaoke y pink Floyd han funcionado de maravilla.
Igual, a finales de septiembre me mudo a un apartamento en pleno centro. Tendré tacos hasta las dos de la mañana, una licorera abierta las veinticuatro horas y un par de balcones que dan a una de las plazas centrales de Zamora (con Iglesia incluida que iluminan en las noches).
Pdta 1: Termino de escribir esto a las tres de la mañana. Los vecinos acaban de irse, pero ya estoy cansado.
Pdta 2: Como ya dije: hay que comenzar el día leyendo a Conrad. Hay que almorzar leyéndolo. Hay que tener un libro suyo en el baño y otro en la cocina. Hay que tener, siempre, un libro suyo en el bolsillo del pantalón.
Pdta 3: Como también ya dije en otro lugar, muchos de los escritores argentinos jóvenes son realmente decepcionantes. Menos mal está Alan Pauls. Y menos mal, aunque sea más español que argentino, está el caballero Neuman que es, sin duda, un hombre tan inteligente como divertido.
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