domingo, 31 de agosto de 2014

Sábado 30 de agosto: Escribir sudando

Escribir aquí es otra cosa. Para poder hacerlo sin tirar la toalla (o más bien sin empaparla) es necesario quitarse la camisa, el pantalón y las medias. Aquí es necesario escribir en calzoncillos. Escribir en tierra caliente implica escribir sudando. Al comienzo, debo decirlo como buen bogotano, la sensación me desesperaba. Luego ha terminado por parecerme hasta divertida: escribir como si se tratara de una actividad física además de intelectual. A Hemingway le criticaron por escribir de pie, como si no fuera suficientemente difícil escribir como para tener que sumarle además un reto físico, decían. Hemingway escribía de pie porque tenía graves problemas de espalda y no podía durar sentado mucho tiempo. Yo no hago ninguna actividad física mientras escribo (además del movimiento de los dedos que por más enérgico que sea no cuenta como ejercicio, igual que el ajedrez) pero igual sudo. El asunto es que no sólo he terminado por acostumbrarme sino por encontrarle su gracia.

A lo que no le encuentro gracia es a escribir en las noches de fines de semana. No le encuentro gracia, o no por mucho tiempo, porque mis vecinos están estrenando karaoke, y escribir escuchando sus voces desafinadas y sus celebraciones o, cuando sólo ponen música, las voces de Rocío Durcal, Chente o Los tigres del Norte, es casi imposible. Podría ponerme mis topitos (¿o copitos?) para los oídos pero perdí uno antes de llegar a México. Podría escuchar música pero eso me desconcentra.

Pink Floyd es una deuda desde que estaba terminando el colegio. Decidí dejar de escucharlo por hippie… así de tonto era. Pues esta madrugada decidí descargar algunos discos y fue la solución perfecta: alcanzaba a opacar la bulla vecina sin necesidad de subir mucho el volumen y además, no sé por qué (espero que nadie se indigne) me permitía concentrarme.

El asunto es que las jornadas de escritura en medio del sudor, el karaoke y pink Floyd han funcionado de maravilla.

Igual, a finales de septiembre me mudo a un apartamento en pleno centro. Tendré tacos hasta las dos de la mañana, una licorera abierta las veinticuatro horas y un par de balcones que dan a una de las plazas centrales de Zamora (con Iglesia incluida que iluminan en las noches).


Pdta 1: Termino de escribir esto a las tres de la mañana. Los vecinos acaban de irse, pero ya estoy cansado.

Pdta 2: Como ya dije: hay que comenzar el día leyendo a Conrad. Hay que almorzar leyéndolo. Hay que tener un libro suyo en el baño y otro en la cocina. Hay que tener, siempre, un libro suyo en el bolsillo del pantalón.

Pdta 3: Como también ya dije en otro lugar, muchos de los escritores argentinos jóvenes son realmente decepcionantes. Menos mal está Alan Pauls. Y menos mal, aunque sea más español que argentino, está el caballero Neuman que es, sin duda, un hombre tan inteligente como divertido.

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